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Préstamos ‘Gota a Gota’: Una Crisis Financiera en las Sombras de Costa Rica

Los costarricenses enfrentan una crisis financiera silenciosa que golpea los cimientos de la estabilidad económica y social del país, manifestándose en la figura oscura de los préstamos ‘gota a gota’. Estos préstamos, caracterizados por sus exorbitantes tasas de interés diarias, se han convertido en una trampa mortal para miles de ciudadanos desesperados por solventar necesidades económicas urgentes. Detrás de esta práctica, se ocultan organizaciones criminales que, aprovechándose de la vulnerabilidad económica de las personas, ofrecen soluciones rápidas a sus problemas financieros a un costo inhumanamente elevado. Lo que se empieza como un respiro ante la urgencia económica, rápidamente se transforma en una pesadilla de deudas interminables y amenazas a la integridad física de las personas y sus seres queridos.

El origen de este devastador fenómeno reside en una serie de barreras institucionales que impiden a una porción significativa de la población el acceso a créditos formales. La ley de tasas de usura, con su rigidez y limitación, ha excluido a entre 200,000 y 300,000 costarricenses del sistema de crédito formal, empujándolos directamente a las fauces de estas entidades predatorias. La solución a este acuciante problema parece clara y directa: la eliminación del control sobre las tasas de interés y la revisión de las políticas que enmarcan la ley de tasas de usura. Al liberar a los ciudadanos de estas restricciones, se abrirán nuevamente las puertas al sistema financiero y comercial formal, permitiéndoles acceder a créditos a tasas justas y sostenibles.

Esta medida, aunque controversial, es vista como un rayo de esperanza para restaurar la dignidad y libertad financiera de miles de costarricenses. La reintegración de estos ciudadanos al sistema financiero formal no solo les permitiría encarar sus necesidades económicas con soluciones legítimas, sino que también supondría un duro golpe a las actividades de las organizaciones mafiosas que se lucran de la desesperación humana. La cuestión persiste, ¿estará Costa Rica dispuesta a hacer los cambios estructurales necesarios para erradicar este mal y devolver la tranquilidad a sus ciudadanos?

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