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Crucitas: La Controversia Dorada que Desangra Costa Rica

En el norte del país, cerca de la frontera con Nicaragua, yace un tesoro controversial que ha sido motivo de debate y conflicto por años: el yacimiento de oro en Crucitas, ubicado en el cantón de San Carlos. A pesar de las decisiones políticas precedentes, que dictaminaron la no explotación de este oro, cerca de 4,000 coligalleros, mineros informales, han invadido la zona, convirtiéndola en un escarbadero a cielo abierto y provocando una devastación ecológica sin precedentes por el uso indiscriminado de sustancias altamente tóxicas como el cianuro y el mercurio.

Este escenario no solo representa una tragedia ambiental, sino que también configura una sangría económica para Costa Rica. El Estado se ve obligado a destinar 60 millones de colones mensuales en operativos policiales para contrarrestar esta extracción ilegal, recursos que podrían ser dirigidos hacia otras necesidades críticas del país.

La solución podría ser más sencilla de lo que parece: la explotación formal y racional del yacimiento. Los avances tecnológicos actuales permiten la extracción de oro sin necesidad de recurrir a métodos contaminantes, anulando así el argumento ecológico principal contra la minería formal en la zona. La formalización de esta actividad no solo detendría la degradación ambiental, sino que también podría traducirse en una fuente significativa de ingresos para el Estado mediante regalías e impuestos, y para la municipalidad de San Carlos, revitalizando la economía local y nacional.

Los fondos obtenidos podrían destinarse a proyectos de gran impacto social como la construcción de infraestructura crítica y el fortalecimiento del sistema de pensiones, entre otros. Sin embargo, a pesar de estos potenciales beneficios, el país sigue cerrándose a la posibilidad, manteniendo un debate que parece no tener fin mientras las riquezas naturales de Costa Rica y los recursos públicos se desvanecen en el aire contaminado de Crucitas. La pregunta persiste, ¿hasta cuándo Costa Rica seguirá pagando el precio por un oro que, aunque intocado, ya está dejando una herida profunda en su tejido económico y ambiental?

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